El mundo de los taxistas, ha vivido en los últimos días unas controversias realmente destacables. La polémica ha estado servida, tanto en los medios de comunicación como en la calle, puesto que la gente ha tenido opiniones para todos los gustos. Huelgas, invasión de calles principales y sobre todo, un gran desagrado por parte del gremio de los taxistas que no ha dejado indiferente a nadie. Al margen de toda esta polémica, ha surgido la pregunta relativa a los derechos que tienen los taxistas y a su desconocimiento. En este artículo, destacaremos cuáles son para que seas conocedor o conocedora de ello.

Derechos relativos a rechazar un viaje

Los taxistas también tienen sus derechos y es conveniente que se sepan cuáles son para que no haya sorpresas. El primero de ellos, se centra en el hecho de poder rechazar un viaje por “causas justificadas”. Según el Real Decreto 763/1979, relativo a los servicios urbanos e interurbanos de transportes en automóviles ligeros, apunta que los taxistas pueden negarse a realizar un servicio por causa justa. Por ejemplo, puede ser el hecho de que un usuario o usuaria esté ebrio o drogado, sea perseguido por parte de la Policía, que quiera viajar con animales que puedan ocasionar daños en el vehículo o que desee ir en compañía de más pasajeros a los que está autorizado el taxi.

Derechos relativos a la integridad

Por otro lado, el hecho de que el usuario desee viajar por zonas inseguras o peligrosas que puedan poner en peligro la vida del conductor y el usuario, también será una causa para no realizar el viaje.

Otro de los derechos, se centra en el hecho de solicitar el dinero en “garantía”. En caso de que el usuario desee salir “un momento” fuera del taxi, el conductor podrá reclamarle una cantidad a modo de garantía debido a la ausencia. Se puede solicitar el importe del recorrido más media hora de espera en zona urbana y una en un descampado. En caso de que se agote el tiempo de las mismas, se considerará desvinculado del servicio.

Por último, otro de los derechos es el que se centra en la negación al servicio por comportamientos que puedan ser ofensivos. Según los reglamentos autonómicos, permiten al taxista no ofrecer el servicio a las personas que realicen según qué comportamientos dañinos que puedan afectar a la seguridad del desplazamiento por la carretera.