En las relaciones humanas y especialmente en la familia, surgen discrepancias y problemas que debemos resolver. A ello contribuyen factores destacados. La comunicación se ha reducido sustancialmente y la asertividad no existe entre padres, madres e hijos. La falta de empatía y las prisas del día a día completan un escenario que provoca a veces dolorosas rupturas. Para esos casos, una voz experta que sea capaz de analizar con sensatez el conflicto puede ser la mejor solución.

El régimen de visitas, una cuestión esencial para el interés del menor

Después de una separación o divorcio, debe fijarse un régimen de visitas para los progenitores y los menores de edad. En esta cuestión, se tienen en cuenta múltiples aspectos. Uno de ellos es la edad de los hijos, otra la nacionalidad de los padres (cuestión en auge por las nuevas relaciones sociales). Si las visitas se refieren a países distintos, debe fijarse con precisión y claridad la duración, quién debe asumir los gastos de los viajes, el punto de encuentro, etcétera. Las circunstancias laborales, económicas o familiares en cada caso cobran también suma trascendencia. Deben quedar perfectamente fijados todos los aspectos que pueden resultar dudosos.

El principio básico que debe regir en estos supuestos es el interés superior del menor. Así lo establecen las normas europeas, la Constitución Española de 1978 en su artículo 39, nuestras leyes y así lo confirma la jurisprudencia. Haya o no acuerdo entre los cónyuges, este principio es esencial y se ha de evitar cualquier inconveniente en su promoción y formación humana.

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