En el pasado superar la cifra de un millón de euros para cualquier empresa durante su primer año parecía algo imposible, pero hoy es muy común que durante este periodo inicial muchas empresas recientes lo logren.

¿Es esto un problema? La verdad no, pues este crecimiento muestra que muchos están encontrando nuevas formas de introducirse y crecer en el mercado actual. El problema surge cuando estas empresas no se apegan al marco legal.

Las startups suelen entrar en ese renglón, pues al no formar parte del marco común de trabajo de otras empresas, tienden a gestionarse proyectando la idea de que se libran de sus responsabilidades, pero esto es no es así. ¿Por qué ocurre esto?

¿Qué son las startups?

Son empresas que suelen crearse y manejarse bajo la forma jurídica de Sociedad Limitada, pero al valerse en gran parte de los medios digitales pueden librarse de los procesos administrativos y jurídicos que en ocasiones parecen complicados pero que deben regir a toda actividad laboral y comercial.

Pero algo es cierto, su gestión y labor es diferente a otras empresas. Contrario a lo que se piensa, sus primeros pasos suelen ser más difíciles, sobre todo porque no existe un planteamiento legal sólido sobre el que puedan apoyarse. Debido a ello una forma jurídica personalizada para este tipo de empresas se ha ido gestionando, pues realmente es difícil compararlas con otros tipos de entidades comerciales.

Esto se debe a que muchas startups tienen un modelo de trabajo en el que no se proyectan a un área en específico, sino que buscan ser negocios globales sin importar el producto o servicio que ofrezcan, gracias a lo cual suelen tener éxito.

La necesidad de un marco legal

En vista de todas las ventajas que ofrecen las startups, es normal que muchos busquen aprovechar los beneficios de éstas, ya sea sin involucrarse demasiado en el proceso o por medio de establecerse de forma legal al cumplir ciertos parámetros con ellas, pero, al no tener la guía concreta de lo que deben hacer, se dificulta esta iniciativa.

Un ejemplo son los inversores externos que buscan financiar el crecimiento de las startups con el fin de obtener parte de los beneficios propios de la entrada de capital de las mismas.

Debido a la naturaleza de estas empresas, dichos inversores buscan medidas rápidas que les den cierta seguridad, pero por desgracia muchos de los procesos de este tipo son lentos y algo problemáticos. Con ello se limita la posibilidad de crecimiento que puede favorecer incluso a la nación donde se radiquen las startups. Y esos no son los únicos contratiempos.

Por ello el proceso de definición legal, marco de inversiones y responsabilidades fiscales es necesario. Si bien es un proceso que requiere atención, su cumplimiento puede traer enormes beneficios tanto para quienes ya desempeñen esta labor, como para quienes se animen a entrar en este mercado y para el que muchos países se están preparando. Si es su caso aproveche la oportunidad de dar su opinión e informarse al respecto, puede ser la forma de introducirse en este enorme e interesante campo empresarial.