¿Ha acudido algún vez a algún abogado? Si su respuesta es afirmativa, podría asegurar con prácticamente absoluta certeza que usted para aquel entonces tenía un problema. Y es que nuestra sociedad actual ya asimila la figura del abogado a “problemas”. Es verdad que en muchas ocasiones el problema surge sin haber podido hacer nada para evitarlo, pero en la gran mayoría, la principal causa del problema es el desconocimiento y la falta de preparación previa.

Por un lado está el cliente “que no sabía nada” y “que no entendía nada” y que se ha visto desembocado en una contrariedad. A este tipo de cliente, le aconsejo sin duda que pregunte, que no se conforme. “Mi cuñado que aconsejó que…”, “Leí una vez que yo podía…”, “¿Pero no es obvio y lógico que él no puede…?”, etc. Pues siento decirle que ni su cuñado es abogado y conoce la realidad en los juzgados, que no debe creerse uno todo lo que lee, y que la ley y la justicia, no son siempre justas.

El conocimiento (real), es poder, y si usted va a hacer algo o se plantea hacer algo importante (casarse, firmar un contrato, etc.), consulte a su abogado. Esa consulta, será una clase teórica exprés de algo que le va a vincular de por vida, o por un largo tiempo. Preocúpese de sí mismo, responsabilícese, invierta en usted, y consulte a un abogado. Allí podrá conocer todo lo que debe prevenir y todo lo que podría pasar, en cualquier ocasión. Esta información ya la tendrá usted para siempre, y repito, el conocimiento es poder.

Por otro lado está el cliente curioso. Aquel que investiga sobre el tema y te aporta su solución. Eso está perfecto, y es muestra de su responsabilidad con el problema, sin embargo, no siempre es suficiente. Lo cierto es que en internet hay demasiado información falsa, y la que sí que es cierta, no se complementa con la realidad en los Juzgados, información, que muchas veces, sólo años de experiencia pueden otorgar.

“Si… todo eso lo cuentas para captar clientes, pero los abogados sólo miráis vuestro bolsillo, a costa del nuestro”. Desgraciadamente debe admitirse que hay una gran parte que sí, además de que nunca se debe generalizar. Es cierto que en el mundo de abogacía hay mucho “buitre”, mucho vago que sólo busca tender la palma de su mano mientras se toma un café. Los abogados deberían ser honestos, y exponer la realidad del problema al cliente, y no pretender ir a juicio desde la primera visita. El juicio debe ser la última opción, y la prioridad del abogado la plena satisfacción (real) del cliente. Así que si un problema se puede solucionar negociando, esa debería ser la primera vía a probar.

“Los honorarios de los abogados son altos”, pero tiene un porqué que el cliente no ve o que muchas veces no comprende, como sucede con muchos otros oficios, sobretodo en los que la materia gris es la que hace el trabajo duro. La abogacía es una carrera de fondo, progresiva y de incesante estudio. Por muchos casos iguales que haya visto un abogado, cada vez debe investigar posibles sentencias nuevas que hablen de la cuestión, nuevas fórmulas, nuevas teorías de estudiosos del derecho, etc. Ese es el abogado que cuidará de usted. El conocimiento es imprescindible, es verdad, pero más puede llegar a hacer por usted el interés, la curiosidad y la investigación de su abogado.

Todo esto es la utopía de lo que debería ser, pero la realidad sigue siendo la misma: los clientes vienen con problemas que no han previsto y debe hacerse todo lo posible por ellos. “¿Y si te viene como cliente -el malo de la peli-?” Normalmente no hay un malo o un bueno absoluto, sino que ambas caras de la moneda tienen su parte de razón y argumento, y entonces depende de la destreza del abogado en jugar sus cartas.

El abogado debe cuidar de usted, aconsejarle entre varias opciones, entre todas las alternativas posibles y por haber, y llegar a la solución más idónea según sus concretos intereses. Y para ello se necesita confiar en la otra persona. La relación abogado-cliente debe basarse en la confianza, pues carece de sentido poner tu “gran” problema en manos de alguien en el que no confías. Como los médicos y psicólogos con sus pacientes. Su abogado debe demostrarle conocimiento y experiencia en la materia, pero también honestidad. Que le explique realmente el alcance y soluciones de su disputa.

Los abogados también son personas, como sus amigos. Búsquese a un abogado que sea como aquel amigo que te saca de los apuros porque sabe mucho de la vida, que se prepara, estudia y que está siempre atento. Y deje de escuchar al amigo listillo que se adorna con largas frases vacías de contenido, que hacen asentir al que desconoce de lo que se le habla.